94. Peluche
La magia de Francia parecía haberse desvanecido, ahora solo quedaba una sombra de un caos de la noche pasada.
Acariciaba con ternura mi vientre para calmar a mi retoño. Era alrededor del mediodía, había comido algo delicioso pero no habíamos salido. Oliver canceló alrededor de cinco citas solo para solucionar lo de anoche.
Su voz era baja. Peligrosa. No tenía que gritar para generar problemas.
—¿Tres días? —repitió con una ira contenida—. Eso no es suficiente.
Caminaba de un lado a otro con