92. Escúchame
Este era mi paraíso… mi eterno paraíso.
El viento suave por la ventana hacía que mis sentidos se relajaran. Una leve sonrisa acariciaba el asiento de seguridad.
—No pude dejar de grabar ni un segundo —mi madre hablaba emocionada—. Mi pequeña se va a volver una bailarina.
—Eleonor… —mi padre la miró de reojo, moviendo con calma el volante—. No sabemos qué quiere ser tu hija aún.
—Papi, yo quiero ser una bailarina… no… no… ¡Doctora! —hice una leve mueca—. No, mejor quiero ser astronauta. ¡No! Quie