38. Lo harás porque yo lo digo
El aire entre nosotros se enrarecía.
Su mirada oscura, filosos, atrayentes, letales.
—Yo puedo hacer todo el proyecto sola —hablé de la manera más firme que pude—. Tengo experiencia en hacer varios trabajos de arquitectura sin problema.
—Así podía ser —su voz se volvió profunda y peligrosa—. Pero ahora estás trabajando completamente para mí —su sonrisa se curvó con lentitud—. Y quiero que trabajemos juntos. ¿De acuerdo?
Dio otro paso hacia mí. Sabía que si lo dejaba acercarse más, me perdería.