97. Cámaras
Su mano era el ancla de mi realidad.
Sujetaba la mano de Oliver como si mi vida dependiera de eso. Él, con su mano firme, me hacía sentir segura. Miraba la rosa como si fuese el objeto más mágico y peligroso de la vida. Tragué en seco. Oliver soltó mi mano con calma.
Sus ojos se clavaron en ese objeto como si estuviera tratando de incinerarlo.
Paso a paso llegó a la rosa, tomando la pequeña carta que estaba debajo de la base. La abrió. La leyó con calma, como si quisiera memorizar cada palabra