Con la fuerza del huracán que me caracterizaba, empujé con fuerza la puerta. Se abrió de un golpe, resonando en la pared.
El sonido fue un eco en todo el lugar.
La catarsis de mi furia se había desatado. Ignoré todas las miradas que me seguían.
No.
Ese día iría por algo peor.
El sonido de la puerta resonó en el despacho, obligando a que Oliver levantara la vista lentamente. Tortuosa. Tan milimétrica que parecía actuada. A pesar de que entré como una tormenta, él ni se inmutó. Su expresión n