16. Me pertenece.
Apenas podía respirar. Los latidos de mi corazón estaban tan intensificados que podía escuchar el zumbido en mis oídos.
Estaba mal…
Muy mal…
Había dicho que lo odiaba. Durante estos meses dije que, si lo volvía a ver, lo mandaría al diablo. Pero solo bastó con que se acercara a mí para que mi cerebro olvidara todo el aborrecimiento que sentía por él por unos segundos. Mis piernas aún temblaban. Apenas me movía. Llevaba mis manos hacia mi cabeza intentando procesar qué pasó. Mérida trabajaba, Da