Cuando pasé frente a Camila, ella quedó intrigada y me miró con una sospecha poco disimulada.
Yo le sonreí:
—La otra vez, cuando Valerie fue mordida por la serpiente, dejó su bolso en el vestuario. Ahora vengo a buscarlo. Pero dime, ¿me miras así porque tienes algo importante en tu casillero y temes que lo robe? Si no confías, puedes venir conmigo, de paso me ayudas a buscar el bolso.
Cuando me escuchó, la cara fingidamente inocente de Camila se llenó de una falsa congoja:
—Mira lo que dices, ¿q