Mateo me dedicó una sonrisa, sin decir nada.
El tipo engreído se incomodó, así que me miró y volvió a usarme de excusa.
—Pues esta es mi cita, aunque tiene un poco de…
—¿Cita? —Mateo me miró fijamente.
Yo levanté el pecho y lo dejé mirarme, sin inmutarme.
¿No estaba fingiendo que no me conocía? Pues que no reaccionara tanto cuando escuchó “cita”.
El hombre también se quedó un poco sorprendido, pero creyó que Mateo dudaba de su gusto. Entonces explicó:
—Bah, mis padres solo quieren que me case co