El tipo miró primero a Mateo y después se sentó a mi lado.
Aunque seguía haciéndose el caballero, me miraba con un aire de superioridad, y en su cara se notaba el desprecio.
Con tono orgulloso, me dijo:
—¿No decías que ese señor te estaba pretendiendo? Pues yo lo que veo… es que no parece.
Mientras hablaba, incluso le hizo un gesto con la cabeza a Mateo, como si quisiera saludarlo.
Mateo solo alzó la copa y sonrió un poco.
Al instante, el hombre se sintió aun más seguro de sí mismo y satisfecho.