—Señor Bernard, aquí está la documentación de la reunión, ya la organicé, revísela —dijo Asher, y en cuanto dejó los papeles en el escritorio, prácticamente salió corriendo.
Me volteé hacia Mateo con una sonrisa:
—Mira lo que logras, hasta tu asistente huye espantado.
Con toda seriedad, él respondió:
—Por eso tienes que venir más seguido a mi empresa, y mimarme aquí mismo. Si él se acostumbra a vernos así, ya no le parecerá raro.
¡Qué clase de lógica era esa!
Pero la aparición de Asher me hizo r