Capítulo 926
Yo seguía de pie, sin atreverme a moverme.

Temía que Mateo, impaciente, quisiera aprovechar la oficina (o incluso ese escritorio) para...

Al fin y al cabo, en el pasado, cuando tenía ganas, nada lo detenía.

Como si hubiera adivinado mis pensamientos, me dijo divertido:

—¿Y ahora te echas para atrás? ¿Dónde quedó la mujer que me provocaba hace unos días?

Y eso que nunca había sido descarada de verdad.

—Ven.

Me llamó de nuevo, con una mirada tan tierna que me derretí por dentro.

Con el corazón lat
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