No quise seguirle el juego y seguí desayunando.
Vaya manera de arruinarme la mañana.
Mi padre me observó furioso un buen rato, pero al final bajó el tono.
—Está bien, está bien, al fin y al cabo sigues siendo mi buena hija. No voy a enojarme contigo. En realidad vine hoy porque necesito que me ayudes con algo.
—Ah… entonces ve y delata a Camila frente a Mateo, y yo te ayudaré.
—Ay, hija, ¿otra vez con eso? Yo no sé qué cosas malas pudo haber hecho ella, ¿cómo quieres que la acuse de algo?
—Enton