Mi padre se molestó mucho:
—Aurorita, deja de hablar tonterías. Ahora en Ruitalia todos saben que fue por tu culpa que la madre de Mateo...
—¡Lárgate! —lo interrumpí con sequedad, sin guardar ya ninguna esperanza en él.
Abrió la boca, todavía con intención de hablar.
—¡Dije que te largues! —le grité con furia.
Él, furioso, me insultó llamándome “mal hija”, y al fin se marchó de mala gana.
Lo observé mientras se alejaba, con la rabia reflejada en cada paso, y no pude evitar que en mi interior cre