—Seguro es Mateo que volvió, voy a ver —dijo Alan, saliendo disparado hacia la puerta.
Me limpié las manos y estaba por seguirlo cuando, de la nada, Alan regresó corriendo y me empujó hacia la cocina:
—Es Mateo, escóndete aquí y no salgas.
—¿Por qué? —pregunté, confundida.
Alan puso los ojos en blanco:
—Porque hace un rato le dije por teléfono que tú no regresarías. Solo así aceptó regresar. De verdad, te está evitando. Si sales ahora, seguro en cuanto te vea se larga, ¿lo dudas?
Tenía razón. Ma