—Aguantas bien el trago, mucho mejor que esos strippers. Dale, tómate otra copa.
Dije eso y le acerqué la tercera copa a la boca.
Por suerte se la tomó sin problema, aunque sus ojos tenían un brillo intenso.
Me toqué las mejillas, que ardían, y de una levanté la cuarta copa.
De la nada, Mateo dijo, sonriendo:
—¿Quieres matarme?
—¿Quién se toma cuatro copas seguidas sin descansar? Si quieres que me muera, dilo de una.
Me quedé impactada.
La verdad, me había pasado de lanza.
Apreté los labios, pus