Impactada, me quedé mirando a Embi.
Esa niña siempre tuvo problemas de salud y un carácter tranquilo.
Era la primera vez que la veía tan feliz.
Cuando la vio sonreír así, la cara de Mateo también se llenó de una alegría que no pudo disimular.
Le acarició la cabecita con ternura y dijo:
—Papi preparó tu disfraz de hada verde, anda a ponértelo.
—¿Y yo qué voy a ser? —Luki preguntó con entusiasmo.
Mateo le sonrió con paciencia:
—Tú vas a ser el caballero de la princesa, papi también te consiguió un