—¡El brazo de mi papi solo lo podemos agarrar mi hermana, mi mami y yo! ¡Tú, que eres mala, no puedes! —gritó Luki, apartando la mano de Camila del brazo de Mateo.
—¡Mocoso…! —Camila estaba a punto de explotar.
Pero Mateo acercó a Luki contra su pecho, protegiéndolo.
Camila se mordió el labio, tragándose la rabia, y volvió a su papel de víctima.
—Mateo… —dijo, con los ojos llenos de lágrimas.
—Me duele tanto el brazo y las rodillas… me siento mal…
Mateo la miró fijamente:
—¿De verdad tan mal?
El