—¡Carajo! —Alan gritó de repente, levantó el pie y le dio una fuerte patada a la mesa del bar.
Las botellas cayeron, haciendo un estruendo.
Le gritó a Mateo:
—¡Si te molesta el ruido, entonces vete!
Lo miré, impactada.
¿Qué le pasaba? ¿Cómo podía enojarse así de repente?
¿Y atreverse a gritarle a Mateo?
Vi entonces cómo Mateo lo miraba fijamente.
Su cara, de por sí seria, se puso como si estuviera a punto de estallar.
—A ver, grítame otra vez —le dijo con un tono espeluznante.
Alan suspiró de ra