No dije nada más, solo le pasé por el lado, y entré al bar.
Pero él me agarró de golpe, apretando con demasiada fuerza, sus ojos oscuros llenos de furia e irritación.
Furiosa, le dije:
—¿Qué haces? ¡Suéltame!
—Saca a mi hijo de la casa de Javier —Mateo habló con una voz que no admitía respuesta.
No le presté atención y traté de soltarme de su mano.
En ese instante, Alan salió tambaleándose del bar.
—¿No dijiste que venías a tomar conmigo? ¿Qué haces parado afuera? Vamos, vamos… adentro, a seguir