Cuando Alan regresó del baño, Valerie y yo ya estábamos de vuelta en la mesa 08.
Ya que Mateo había descubierto la existencia de los niños, en este momento tampoco tenía necesidad de seguir ocultando nada frente a Alan.
Cuando me vio, Alan se sorprendió, y enseguida me saludó, con una sonrisa pícara:
—¡Vaya, Aurora, también estás aquí!
Le respondí con una sonrisa.
Alan, que ya de por sí tenía pinta de casanova, al sonreír se veía todavía más seductor.
Guapo sí que era, y exactamente el tipo que