¿¡¿Cómo era posible que el pretendiente de Valerie fuera… Alan!? ¡Qué coincidencia tan grande!
Para estar segura de no haberme equivocado, me incliné un poco hacia adelante.
Esta vez lo vi claramente: esa cara tan fina no podía ser otra que la de Alan.
¡Malas noticias!
Valerie y Alan nunca se llevaron bien, y él tampoco la soportaba.
Si ahora les tocaba tener una cita, seguro terminarían a los gritos.
Rápidamente saqué el celular, lista para llamarla y advertirle, pero antes de marcar, ella ya i