Jonh suspiró y no dijo nada más.
Zuheral estaba cubierta de nieve, excepto en las vías, por suerte, así que el auto no iba tan lento.
En menos de una hora, el auto llegó al aeropuerto.
Cuando bajamos, el viento helado nos pegó.
Valerie empezó a tiritar:
—¡Brrr! Zuheral es bonito, pero hace mucho frío aquí.
Le quité la bufanda, se la puse en el cuello y respondí con sarcasmo:
—Te dije que no te quejaras del abrigo grande, ¿ahora sí sientes el frío, verdad?
—¡Brrr! Vamos, entremos rápido.
Faltaban