Javier sonrió con amargura y dijo:
—Sabes que no les guardo rencor por hablar mal de ella.
Valerie refunfuñó:
—Nosotras lo único que sabemos, por culpa de tu hermana, Aurorita tiene que aguantar muchas injusticias.
Javier me miró fijamente y dijo, serio: —No será así.
—No la voy a seguir defendiendo.
No dije nada.
Me levanté y, guiada por el sirviente, subí las escaleras.
Dijo que no la defendería más.
Pero lo que no sabe es que, con su primer error, ya me rompió el corazón. Ahora, lo que decid