¡Jajajaja!
Me reí de la ironía.
Qué razón tan estúpida.
¿Solo porque Mateo me ama, yo tengo que ser acusada de algo que no hice, ser víctima de sus mentiras y cargar con la culpa para proteger a su novia?
¿Con qué derecho?
Le dije con tono seco:
—¡Sal de aquí! —y señalé la puerta.
Mi hermano me miró, con carita de perrito regañado y me dijo:
—Aurorita, no seas así. Cuando Mateo se calme, todo podrá volver a ser como antes. Para entonces nosotros...
—Eso no va a pasar.
Lo miré y me burlé, con un