—¿Sabes lo desesperados que estábamos mi mamá y yo esperando ese riñón? Yo estaba feliz, porque por fin ella podría mejorar y después podríamos pasar juntos una feliz Navidad. Hasta iba a hacerte una boda hermosa, y al fin todo estaría bien. Pero dime, ¿por qué le quitaste su riñón? ¿La vida de tu mamá sí vale, pero la de la mía no?
Me aguanté el dolor que sentía en el pecho, y le dije entre lágrimas:
—Mateo, de verdad no sabía que ese riñón era de tu mamá, si lo hubiera sabido jamás te lo habrí