—Haz de cuenta que me estás haciendo un favor: ve con Mateo y pídele que me preste un millón de dólares para este proyecto. Te juro que, si sale bien, te devuelvo el dinero, ¿sí? —me suplicó mi papá.
Le respondí, indiferente:
—No voy a pedirle prestada plata para dártela a ti. Lo de mamá es simple: si quieres salvarla, hazlo; si no, nadie te va a obligar. Eso queda en tu conciencia.
—Exacto —dijo Carlos, mirándolo con desprecio— Si no estuvieras hablando de dinero, te respetaría un poco. Pero qu