Por instinto, miré a Carlos, pero él seguía mirando al frente.
Su novia acababa de pasarle por delante y él ni se inmutó.
Era raro.
Con lo mucho que la quiere, si la hubiera visto, lo normal sería que se emocionara y corriera a saludarla.
Pero no, ni la volteó a mirar y siguió caminando como si nada hacia la habitación de mamá.
Justo cuando me preguntaba porque no la saludo, él me miró y me dijo:
—¿Qué pasó?
Lo miré fijamente:
—Acabo de ver a tu novia.
Se detuvo un segundo y enseguida empezó a m