Al terminar la llamada, Mateo se disculpó conmigo:
—Últimamente hay mucho trabajo... Pero cuando pase esta temporada, te dedicaré todo mi tiempo.
—No te preocupes —respondí.
—Lo importante es que salgan bien las cosas.
Le serví un poco de sopa, que todavía estaba tibia.
—Ahora entiendo por qué tienes problemas de estómago. Mira, cuando tienes mucho trabajo, ni siquiera comes bien.
Resignado, Mateo me sonrió y se acabó la sopa que le di, sin dejar ni una gota.
Al ver que ya no le entraban más lla