Mi mamá… ella me dio la vida, me crio, y aun así, no puedo salvarla.
Cuando Mateo y yo regresamos a la habitación, Sayuri seguía inconsciente.
Camila estaba en el baño, hablando por teléfono.
No sabíamos con quién, pero hablaba en voz muy baja.
—Ah, qué noticia tan mala… —decía.
—No sé ni cómo animarte, pero por favor, cuídate mucho.
—No pasa nada, ahora la medicina está tan avanzada, seguro esa enfermedad tiene cura.
—Ajá, descansa bien. Cuando tenga tiempo, paso a verlos.
Camila salió del baño