Con una mano, Camila le agarraba el brazo a Mateo, y con la otra me señalaba mientras lloraba sin consuelo.
—Sé que ustedes ya se reconciliaron y que la amas mucho. Pero yo claramente le caigo mal a ella, me ataca todo el tiempo. No quiero verla, Mateo...
Empezó a toser mientras hablaba, viéndose tan débil que parecía que se iba a desmayar otra vez.
—Haz que se vaya, por favor. Mi corazón duele, Mateo… me duele tanto… Que se vaya, no quiero verla… haz que se vaya...
La observé en silencio. Cuant