Esa voz… era la de Javier.
Volteé de inmediato y, sí, era Javier, con los brazos cruzados en el marco de la puerta. Por su cara, parecía que llevaba un rato ahí.
Mi mirada se cruzó con la de Mateo por un instante.
Él me miraba serio, lleno de algo peligroso. Era difícil saber qué tenía en mente.
Temiendo que volviera a malinterpretar las cosas entre Javier y yo, tomé su mano al instante.
Al principio intentó apartarse, pero luego no se movió más.
Javier bajó la vista a nuestras manos entrelazada