Camila lloraba mientras hablaba con una voz apagada y débil.
—Yo tampoco sé bien qué pasó. Justo cuando fuiste a comprarme el café con leche, me encontré de casualidad con una amiga que conocí hace poco...
Al escuchar esto, miré por instinto la mano de Mateo.
En efecto, tenía una taza de café con leche.
Con una sonrisa sarcástica, miré a otro lado, pero enseguida sentí una mirada penetrante fijarse en mí.
No necesitaba alzar la mirada para saber que era la de Mateo.
Camila siguió hablando, con u