Apenas terminó de hablar, Miguel se marchó furioso.
Después de repetirle varias veces a Mateo que debía cumplir con su palabra, la madrastra de Mateo se fue con él, apresurada.
Cuando se fueron, por fin la habitación volvió a estar en silencio.
Miré hacia la puerta, pero la figura que se asomaba ya había desaparecido. No sabía en qué momento se había ido Javier.
Me volteé para revisar la herida de Mateo.
La herida en su pecho se había abierto una y otra vez, y con lo que acababa de hacerle Migue