—¿Qué tal? ¿Mateo se creyó el informe médico de esta mañana? —me preguntó Javier.
—...Sí —asentí.
—Gracias.
Javier se sentó en la tumbona, y de inmediato uno de sus asistentes vino a retocarle el maquillaje y a ofrecerle agua.
Él se quedó viendo a la nada, sonriendo un poco:
—¿Y cómo reaccionó?
Me quedé callada unos segundos antes de responder:
—Nada fuera de lo común.
Javier me lanzó una mirada y volvió a sonreír. Pero esa sonrisa tenía algo raro, como si ocultara otra cosa.
Después de una paus