Con cara de tragedia, Camila miró a Mateo:
—Mateo, la verdad, todos los regalos que me das me gustan, los valoro un montón. Pero parece que para Aurora nada de eso sirve. Al final, todo es porque yo soy de familia pobre, no como ella, que viene de una familia afortunada...
—¿Familia afortunada? —Mateo se echó una risa de desprecio—¿Qué clase de señorita es? No es más que una mujer capaz de cualquier cosa, sin vergüenza, solo por plata...
Con los ojos llenos de rabia y tristeza, no dejé de mirarl