No dije nada.
Él tampoco me preguntó nada más, solo me acompañó hasta la salida.
De verdad Zuheral es una ciudad que no me gusta para nada. Creo que nunca más quiero volver acá.
Me apreté fuerte el abrigo de plumas y seguí a Alan hasta el auto.
Luego de guardar las maletas, él se puso al volante listo para arrancar.
—¿Y ellos? —pregunté sin querer.
—Mateo y Camila fueron directo al aeropuerto después de almorzar.
—Ah —respondí, mirando hacia afuera sin decir nada más.
Media hora después llegamos