Las emociones de Mateo estaban totalmente fuera de control.
Habíamos logrado calmar a Waylon con mucha dificultad. Si no nos íbamos en ese momento, seguro se armaba otro lío.
Y si eso pasaba, ni aunque quisiéramos podríamos irnos.
Alan entendió mi mirada y fue a tomar a Mateo del brazo.
Pero Mateo apartó su mano de una vez y caminó solo, en silencio, rumbo a la puerta.
Alan solo suspiró y fue tras él.
Yo tampoco quise quedarme más. Me apoyé en el borde de la mesa de billar y me puse de pie.
Wayl