Capítulo 372
Mateo me miraba fijo, con una intensidad que daba miedo.

Tragó saliva, y después de un rato, habló en voz baja:

—Si te portas bien, no te voy a gritar.

Dicho esto, me tapó otra vez con la sábana, agarró la toalla y se iba a ir.

Me apuré y lo abracé por detrás.

Apoyé la cara en su espalda y, con la voz ronca, le pedí bajito:

—No quiero un doctor. Con que tú me cuides, me basta... Mateo, ¿puedes cuidarme tú, solo esta vez?

Cuando uno está enfermo, el corazón se pone más blando, y hasta la voz suen
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DANNA suaresMás loca me parece Aurora, no sabe que las mujeres embarazadas no pueden tomar cualquier medicina, puede dañar al bebé. debería priorizar el bienestar de cu criatura sobre todo lo demás
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