Capítulo 362
Mi cara, mis manos y mis pies ya casi no sentían nada del frío.

No sé cuánto tiempo estuve caminando, pero al fin llegué a la farmacia.

El dueño me miró, sorprendido, y enseguida me ofreció un vaso de agua caliente:

—Hace frío afuera, ¿por qué vienes en sandalias?

Agarré el vaso, y el calor que se filtraba a través de las palmas me devolvió algo de sensibilidad en las manos.

Me froté mi cara casi entumecida y le sonreí:

—Salí con prisa. Se me olvidó cambiarme.

Hice una pausa y le pedí:

—¿Me da d
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