Grité, sorprendida, mientras trataba de apartarlo.
—¡Señor Dupuis, por favor, respétese!
Waylon sacudió la ceniza del cigarro y me habló, con una sonrisa cargada de burla:
—Tu querido Mateo no sabe apreciar a una mujer hermosa. Déjame a mí hacerlo por él, ¿no te parece mejor?
—¡Señor Dupuis! —le dije en voz baja pero firme, mostrando claramente mi enfado.
Él se rio un poco:
—Por cierto, ¿no dijo Mateo que esta noche se esforzaría por hacerte un hijo? A juzgar por la situación, parece que ahora m