Vi que Camila había llegado desde hacía rato, estaba sentada en el lugar de Mateo.
Pero Mateo no sabía dónde estaba, aunque desde la sala de descanso se escuchaba el ruido del agua.
Quien me abrió la puerta fue la secretaria jefa, Amara Corsini.
Ella me miró con desprecio y luego habló bien de Camila:
—Camila, eres el ángel de la guarda del señor Bernard. Apenas llegaste y ya le quitaste el dolor de estómago, a diferencia de ciertas personas que solo le complican la vida.
Una de esas “ciertas pe