Me puse tensa de golpe y me levanté de un brinco, pensando que quizá había escuchado mal.
Pero no, ahí estaba otra vez: los golpes en la puerta.
Me acerqué con el corazón latiéndome en la garganta.
— ¿Quién es? —pregunté, sin tocar la puerta.
Silencio.
Una mala sensación me llegó al pecho.
Si fuera Ryan o mi hermano, ya habrían dicho algo.
Pero nada.
Todo callado.
No... no puede ser Mateo, ¿cierto?
Me subió el pulso. Me acerqué más, la voz temblándome:
— ¿Quién es? ¡Si no dices nada, no voy a ab