El señor Felipe me dio unas palmaditas en el hombro para tranquilizarme y dijo:
—Ponerte a prueba fue solo para poder confiar más en ti. Mira, ahora sí creo por completo en tu lealtad. Ya, no te pongas triste. ¿Qué recompensa quieres? Dímelo directamente.
—¿En serio? —le pregunté, mientras me sorbía la nariz, fingiendo estar ofendida.
El señor Felipe se rio y me dijo:
—Claro. De otra cosa no tendré, pero oro, plata y joyas me sobran. Solo tienes que pedirlo.
—Entonces quiero muchísimo dinero, y