De repente, "Darío" pegó un grito atronador.
Esa voz ronca me hizo estremecer de pies a cabeza. Y justo en el instante en que iba a apretar el gatillo, el señor Felipe alzó el bastón y, de un golpe, apartó el brazo de "Darío".
Escuché un disparo, y la bala salió volando hacia el cielo nocturno; fue también en ese segundo cuando empecé a sudar del susto.
"Darío" volteó a ver al señor Felipe, confundido, y le preguntó:
—¿Señor Felipe? ¿Qué está haciendo?
—Ya está, esta mujer no mostró ninguna mala