Si en el banquete de bienvenida le faltaba al respeto a la señora García, cuando se supiera, iba a ser una vergüenza; no solo iba a perder el honor, sino que haría que las fuerzas de la familia Torres, que todavía dudaban, abandonaran del todo al señor Pedro.
Más importante todavía, todo lo tenía que hacer yo; si algo salía mal, sería la que paga los platos rotos.
Y además, también arrastraba a la señorita Alma al problema. De ese modo, hacía más grande el malentendido y el odio entre el señor P