Mateo suspiró.
—Si no puedes matarlo ni dejar que estén juntos, ¿para qué saber quién es? Solo te va a traer más sufrimiento. ¿No crees, Pedro?
Pedro se quedó callado, apretando los puños. Estaba frustrado, pero no podía negar que Mateo tenía razón. Si no podía matarlo ni permitir que estuvieran juntos, saber quién era no servía de nada.
***
Waylon encontró a Henry bebiendo solo en su habitación.
Molesto, caminó hacia él, le quitó de golpe la botella que se llevaba a la boca y, sin darle tiempo a reaccionar, le gritó:
—¡¿Estás hablando mal de mí otra vez, maldito?!
Henry lo miró, sin entender nada.
—¿Qué es lo que te pasa? Estoy destrozado, ¿crees que tengo tiempo de estar hablando de ti?
Mientras él hablaba, a Waylon le volvió a picar la oreja.
—Maldición... ¿Será una alergia? —se preguntó entre dientes.
Ese pensamiento lo asustó; hacía años que no le daba una.
Henry lo miró de reojo, molesto, le quitó la botella y volvió a beber.
Waylon lo observó unos segundos y luego se dejó caer