Logré leerle los labios; el corazón se me estremeció.
¿Mateo?
¡De verdad estaba diciendo “Mateo”!
¿Que mirara bien hacia el sur?
Eso significaba que Mateo estaba al sur.
La emoción me llenó y miré para todos lados.
El sur…
¿Dónde quedaba exactamente el sur?
El auto iba despacio por el camino que acababan de despejar, sus ruedas aplastando la grava con un crujido constante.
El viento se colaba por la ventana y me levantaba el pelo de la frente, me lo desordenaba y hacía que viera cada vez más bor