La administradora me dio la dirección. Estaba en una posada aislada, en pleno desierto. La otra parte exigía que llegáramos antes de las seis de la tarde. Un minuto tarde, y le iban a cortar un dedo a la señorita Alma.
Cuando oí esa exigencia, no pude evitar sentir rabia. Esa forma cruel y despiadada de actuar era exactamente igual a la de ese demonio de Camila.
La administradora me entregó una credencial que permitía entrar y salir libremente del recinto. Con esa credencial, el vehículo salió d