—Aurora… —tomó un poco de té y sonrió, con una intención que no pude entender—. Cuando llegue Javier, voy a hacer que ustedes tres… se reúnan tranquilos. ¿Qué te parece?
Me quedé confundida; cada vez entendía menos qué quería ese hombre. Al momento, de repente me di cuenta de un problema muy grave. Rápido, le dije:
—La señorita Alma te prefiere a ti sobre todos, y aun así me traes de vuelta así tan tranquilo, dejando que todos crean que el hijo que estoy esperando es tuyo. Si ella se entera… ¿no