—Ah, una escena tan espectacular, tengo que grabarla —se rio Jeison como loco—. Luego se la voy a mostrar a Mateo y a Javier, para que vean cómo he cuidado tan bien de Aurora durante el camino. ¡Ja, ja, ja…!
Mientras hablaba, se reía de forma desquiciada; en sus ojos llenos de maldad se notaba que estaba disfrutando de su crueldad.
Quedó claro que rogarle no servía de nada.
Pronto, dos sirvientes se pararon frente a mí, tratando de empujarme contra la silla.
Sentí que la sangre se me congelaba c